2020

Un sistema inmune más fuerte

El Yoga, ejercicio de mente y cuerpo, se caracteriza por su capacidad para reducir el estrés y favorecer el bienestar, pero también ofrece amplísimos beneficios para la salud que rivalizan con otras actividades físicas. Aunque la situación general de la investigación científica sobre los beneficios del yoga aún no ha madurado,  conocemos potenciales efectos en el cuerpo y en los sistemas que lo integran.

Nuestro cuerpo funciona como un todo interconectado entre sí y con el medio que le rodea. Cuando una parte enferma es la manifestación de un desequilibrio en todo el sistema «cuerpo humano» que se manifiesta en ese síntoma o enfermedad. 

Formulemos una simple pregunta, ¿es posible resfriarse menos cuando se es practicante de Yoga? Primero tenemos que pararnos a entender mejor cómo funciona el sistema inmunológico, el encargado de desencadenar respuestas de defensa ante los agentes extraños.

Los resfriados son originados por bacterias que afectan a este sistema, causando congestión, tos y dolor de garganta. La primera línea de defensa constituye un  verdadero obstáculo físico protector. La membrana cutánea (piel) y la mucosa (recubre ojos, nariz, boca, garganta, etc.) y otros recursos como sustancias químicas (sebo, moco, enzimas) inmovilizan e inactivan los agentes extraños, pero es cierto que suelen ser la vía más común de entrada de estos agentes.

Así que si el sistema inmunológico está débil, las bacterias pueden entrar en los pulmones y causar bronquitis o neumonía.  Pero si advertimos que los ejercicios respiratorios en Yoga son uno de los pilares básicos de la práctica y que con ellos limpiamos todo el sistema respiratorio y aumentamos la elasticidad, capacidad y fuerza pulmonar, podemos asegurar que vamos a ir ganando puntos para estar más fuertes ante los agentes potencialmente nocivos provenientes del ambiente externo.

¿Y si podemos usar la respiración de forma consciente para obtener más beneficios como producir relajación en el organismo?

Es innegable que este proceso autónomo nos ayuda a conectar con nuestro yo cuando nos servimos de él conscientemente. Vamos más allá, con la práctica prolongada la respiración consciente nos ayuda a desidentificarnos de emociones que llegando a cierto punto ya no son necesarias, que no tienen por qué persistir.

Por qué hablar de emociones

Sencillo. Porque llega el turno de hablar del sistema nervioso, el bien llamado director de orquesta, el que controla todo, debemos saber que regula parte del funcionamiento del sistema inmune, también está conectado con el sistema endocrino, el cerebro controla la secreción de hormonas desde el hipotálamo. Vayamos por partes.

Compuesto por:

El sistema nervioso central: encéfalo, tronco del encéfalo, cerebelo y médula espinal.

El sistema nervioso periférico: ganglios y nervios que salen y entran de la médula y que llegan a todos los órganos, sentidos, músculos y piel, que se a su vez se divide en:

· SNP motor: controla los movimientos.

· SNP sensitivo: recoge la información de los sentidos y la sensibilidad tanto consciente (piel) como inconsciente (de las vísceras, órganos, músculos y articulaciones).

El sistema nervioso vegetativo: es el encargado de controlar todas las funciones automáticas del cuerpo, como la digestión, el ritmo cardíaco, el respiratorio, glándulas, parte de las secreciones hormonales, etc.

·  Sistema nervioso simpático: actividad y alerta. Se activa ante situaciones de estrés. Tiene un afecto en cada órgano interno, facilitando el rendimiento de unos y ralentizando las funciones de otros. Aumenta el rendimiento del corazón  ,pulmones, aumentando el ritmo cardíaco y dilatando los bronquios, y deriva sangre a los músculos de las extremidades. Sin embargo, los órganos internos de digestión y eliminación reciben menos riesgo y frenan su funcionamiento.

 

· Sistema nervioso parasimpático: relajación y descanso. Se activa en situaciones en las que el entorno es favorable al organismo (tranquilidad, comida disponible, reposo), facilita el desarrollo, el crecimiento y la reparación de tejidos. Facilita la digestión y excreción entre otros procesos.

El Yoga en realidad estimula el sistema nervioso parasimpático, que nos tranquiliza y restablece el equilibrio. Cuando el sistema nervioso parasimpático se activa, la sangre se dirige hacia las glándulas endocrinas, los órganos digestivos, y la circulación linfática, mientras que la frecuencia cardíaca y la presión arterial  bajan. Con el sistema nervioso parasimpático en marcha, nuestro cuerpo puede mejorar la extracción de nutrientes de los alimentos que comemos, y eliminar más eficazmente las toxinas, debido a que la circulación se ve reforzada. Así que, con la activación parasimpática, el cuerpo entra en un estado de restauración y bienestar.

Por otra parte, los pensamientos y las emociones sutiles, influyen en la actividad y el equilibrio de nuestro sistema nervioso autónomo (SNA), que interactúa con nuestro sistema digestivo, cardiovascular, inmunológico y hormonal como hemos dicho. La sensación de paz, que puede producirse tras una clase de yoga, genera un mayor equilibrio en el sistema nervioso autónomo, afectando a un mayor equilibrio del sistema hormonal e inmunológico y más eficiente la función del cerebro.

Asanas

Cambia de postura y cambiarás la forma de respirar. Cambia la respiración y alterarás el sistema nervioso. Esta es una de las grandes lecciones del Yoga: Todo está conectado (la cadera al tobillo, nosotros a nuestra comunidad, nuestra comunidad a todo el mundo) Esta interconexión es vital para la comprensión del Yoga. Es un sistema holístico (que contempla el todo), que nos introduce en muchos mecanismos que tienen efectos aditivos e incluso multiplicativos. Esta sinergia puede ser la mejor manera en la que el Yoga cura.

Sistema linfático

Ahora entra a formar parte la importancia de la linfa. Cuando se contrae y se estiran los músculos, se mueven los órganos de alrededor, y al entrar y salir de las posturas de Yoga, se aumenta el drenaje de la linfa (un fluido viscoso rico en células inmunológicas). Esto ayuda al sistema linfático a luchar contra las infecciones, destruir las células cancerosas y librarse de los productos de desecho que se derivan del funcionamiento de las células.

Además noticias recientes revelan que lo que el cerebro y el sistema linfático están conectados. Una investigación realizada en 2013 en la Universidad de Virginia, descubría la existencia de vasos linfáticos ocultos en las meninges del cerebro. El hecho de que hubieran pasado desapercibidos hasta ahora se debe a que están tan pegados a los vasos sanguíneos que es casi imposible detectarlos. (1).

En la práctica de yoga, se hace especial hincapié en mantener una actitud relajada, respiración natural, atención en el cuerpo y mente calmada. Al entrar en asana, se pone el cuerpo en una postura distinta a la habitual,  que podría poner al practicante en situación de estrés, pero entrando en contacto con una respiración natural y relajada. De esta forma, el cerebro envía señales de calma que acaban afectando a todas las glándulas que pertenecen al sistema hipotálamo-hipofisario (suprarrenales, ovarios, testículos, tiroides). Se va “enseñando” al organismo a mantener la calma en varias posiciones, lo que el practicante de Yoga puede ampliar al resto de su vida. Será más capaz de mantener la calma y reponerse ante una situación de estrés.

El estado de nuestra mente, nuestras percepciones y emociones se reflejan en el resto del organismo mediante la secreción de neuropéptidos, neutrotransmisores y hormonas que actúan sobre todas las células del organismo e incluso modulan la respuesta inmune.

La meditación

Las asanas (posturas) y el pranayama (técnicas respiratorias) mejoran probablemente la función del sistema inmune, pero, hasta ahora, es la meditación la que se lleva la palma en cuanto a la credibilidad más fuerte en el ámbito científico. Parece que tiene un efecto beneficioso en el sistema inmunológico, intensificándolo cuando es necesario (por ejemplo, elevando los niveles de anticuerpos en respuesta a las vacunas) y descendiéndolo cuando es necesario (por ejemplo, mitigando la inapropiada y agresiva función inmunológica en una enfermedad autoinmmune, como es la psoriasis).

Es posible evitar resfriados practicando Yoga

Con lo cual y retomando un poco la pregunta con la que comenzábamos, existen hormonas que nuestro sistema endocrino genera como  el cortisol, que se libera cuando el cuerpo está bajo presión y/o tensión. Esta liberación produce que el sistema inmunológico se debilite, disminuyendo las defensas ante bacterias y virus, y que por lo tanto nos hace más vulnerables a resfriados.

Ya sabemos por todo lo expuesto hasta ahora que con el Yoga trabajamos estados muy distintos a la tensión y la presión, todo lo opuesto, así que de entrada no contribuimos a debilitar nuestro sistema inmune, sino a fortalecerlo.

En muchos otros casos, los síntomas no provienen del virus del resfriado sino de cómo los tejidos responden al cortisol. El resfriado se manifiesta a veces por la influencia de esta hormona sobre los tejidos, que aumentaba la respuesta inflamatoria, segunda línea de defensa del sistema inmune. (2).

Esto sucede porque la inflamación, en parte, se regula por la hormona, por lo tanto, en situaciones de estrés, las células del sistema inmunológico no responden al control hormonal, produciendo inflamaciones que conducen a la enfermedad, que pueden convertirse también en patologías cardiovasculares, asma y algunos trastornos auto inmunes.

Para contrarrestar los efectos del estrés y evitar que se vuelva crónico, es fundamental fortalecer nuestro sistema inmunológico y practicar yoga o meditación disminuirá nuestros niveles de estrés.

 

Ritmo de vida

Cuando estamos expuestos a un peligro, el cerebro envía una señal de peligro al sistema nervioso autónomo para que éste, junto con el sistema endocrino, entre en metabolismo catabólico para obtener el máximo de energía y defenderse o huir. Los peligros a los que nos enfrentamos en la sociedad moderna no suelen poder solucionarse con el instinto de lucha o huida. Por esta razón, no gastamos toda esa energía en forma de glucosa distribuida por nuestro cuerpo, se puede decir que todo ese combustible que llegó a la sangre no se utiliza.

La respiración profunda al expandir y contraer el diafragma lentamente logra incrementar la circulación de sangre oxigenada. El aumento de la circulación asiste las glándulas que secretan las hormonas hacia el caudal sanguíneo. Esto por otra parte, logra exponer y oxigenar diferentes partes del diafragma y de los pulmones que los que usualmente están expuestas a la respiración cotidiana.

En definitiva, la ciencia Yoga, meditación, y el oxígeno, son excelentes para fortalecer los distintos órganos de tu cuerpo, en especial el sistema inmune, mediante la liberación de emociones y toxinas que perjudican al cuerpo y ayudan a la reducción de los niveles de estrés. Siendo un vigorizante no solo del cuerpo, sino también de la mente.

Autora: Elena Niño Bernal. Profesora de Yoga (400 hrs.) y Yoga en la Educación, ambas Certificadas por la Escuela Internacional de Yoga cuya formación está avalada y reconocida por la Yoga Alliance.

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